"... Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz (en) general, pues Vuestra Reverencia así lo ha querido. Y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que se no acomode todo paladar. Y así, aunque en alguna manera se declaran, no hay para qué atarse a la declaración; porque la sabiduría mística -la cual es por amor, de que las presentes canciones tratan- no ha menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor y afición en el alma, porque es a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle."

San Juan de la Cruz

(Del prólogo al Cántico Espiritual)

La esencia amorosa




Del texto de Asunción Escribano para la presentación de Amancio Prada como "Juglar de Fontiveros" 2014
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No hay ningún espacio del corazón que Amancio Prada haya dejado de nombrar, por lo que no es extraño tampoco que haya recalado y puesto música a los poemas de San Juan de la Cruz Llama de amor viva, La fuente que mana y corre, En una noche oscura, Vivo sin vivir en mí, Del verbo divino y, por supuesto, al poema de poemas el Cántico Espiritual. No puede sorprender que para hablar de Amado con mayúsculas nuestro místico escogiera precisamente un “Cántico”, las “canciones entre el alma y el esposo”, puesto que no se puede hablar del Amor de mejor manera que mediante la música, y eso lo sabe bien nuestro reciente juglar.

La sonoridad tiene, sin duda alguna, una clara presencia en la obra de San Juan. Desde el título que alude al Cántico, pasando por la estrofa escogida, la lira, que no en vano toma su nombre metonímicamente del instrumento que tocaban los poetas clásicos cuando entonaban sus cantos, hasta los numerosos recursos poéticos que el santo emplea en sus textos para acercarlos auditivamente a quienes los leen o escuchan. Pocos poetas han sido tan sensuales expresivamente como Juan de la Cruz. Y pocos han recurrido tan emotiva e inteligentemente a todos los recursos del idioma para comunicar de manera sensible una experiencia radical que habita necesariamente fuera de las palabras.

Y el poeta de Fontiveros acude entonces, entre otros, a recursos de carácter sonoro para que forma y fondo latan con el mismo pulso. Y así nos sorprende a través de sus exclamaciones invocativas, ¡Oh bosques y espesuras!,¡Oh prado de verduras!, tan bien reflejadas en la composición de Amancio Prada a través de unos instrumentos que vibran como si tiritaran conmovidos ante tal extremo de belleza. También recurre San Juan de la Cruz al uso de verbos elocutivos que inciden en la eficacia de la comunicación sonora: “refiriendo” “Balbuciendo”, “decid si por vosotros ha pasado”, expresión esta última musicada por Amancio en un perfecto agudo que señala el ardor del anhelo amoroso. De igual modo nos atrapa el poeta abulense con sus aliteraciones, esa reiteración de sonidos que busca sostener sobre ella el sentido. Y lo hace en versos como “Pasó por estos sotos con presura”, en los que la repetición de la “s” sugiera esa “presura silbadora de la saeta” como decía Dámaso Alonso. Composición esta que, pasada por la admiración sonora de Amancio Prada, suena maravillosamente entonada por las voces infantiles de la Escolanía de Segovia. Voces niñas y dulces que, coreando hasta tres veces (un número que simboliza precisamente la totalidad y perfección) la estrofa “Mil gracias derramando/pasó por estos sotos con presura/y yéndolos mirando/,con sola su figura/vestidos los dejó de su hermosura”, con variantes melódicas e intensificando progresivamente su altura, nos hablan de la grandeza del esplendor de un universo donde las gracias derramadas señalan su origen acrecentando así ese perfecto ejemplo escrito de la fusión entre creador y criaturas.

Si seguimos ahondando en esa intuición original que guía tanto a San Juan de la Cruz como a Amancio Prada a la hora de vincular armoniosamente forma y fondo, sonoridad y espíritu, hay que acudir necesariamente también a los versos posteriores ala fusión amorosa: “Vuélvete, paloma/ que el ciervo vulnerado/ por el otero asoma,/ al aire de tu vuelo/ y fresco toma”. En ellos, mediante la repetición de la “v” San Juan refuerza la imagen de la ascensión aérea del vuelo; y que en la musicalización de Amancio Prada, en un magnífico cambio de ritmo que se torna rápido en la guitarra primero y, con la incorporación de los violines, pausado después, se incide en el ascenso y en la forma propia del vuelo de estas aves, como si navegaran sobre las olas transparentes del espacio.

Y qué decir de ese magistral tartamudeo poético de una expresividad difícilmente imitable: “Un no sé qué que quedan balbuciendo”, en el que le “que” por tres veces repetido manifiesta el titubeo sorprendido del inefable, y cuya ralentización vocal y musical ala hora de ser interpretado pro nuestro juglar reincide en esa perfecta turbación ante lo inmenso.

En definitiva, hay que decir que en la interpretación de San Juan de la Cruz en la voz de Amancio Prada sentimos que la música multiplica esa sonoridad a la que apuntan las palabras, y que cubre un infinito espacio de silencio contenido entre sus versos, cuyo significado profundo apenas podemos imaginar. Son estos ejemplos algunos de los muchos que podríamos traer aquí y que hablan de esa suma perfecta de sensibilidades, poeta y juglar, que consiguen aproximar uan experiencia difícilmente comunicable, pero admirada y sentida por todos los que escuchamos. No en vano Juan Ramón Jiménez afirmó que “la poesía de San Juan es como la música, no necesita uno entenderla si no quiere. Basta con una aprehensión aquí y allá, y entregarse a lo demás, como en el amor”. Bienvenido, por tanto Amancio Prada, a esta Academia de Juglares de Fontiveros, que hoy con su canto logrará aprehender un poco más esa esencia amorosa, luminosa y extrema, de San Juan de la Cruz.